Archive for marzo, 2011

31 marzo, 2011

JUMBO CONCIERTO 2011 – FOTOS DE LA RUEDA DE PRENSA

Para ver las fotos de Silvestre Dangond, J. Balvin, Santiago Cruz, Don Tetto, Daniel Calderón, y Golpe a Golpe, en la rueda de prensa previo al concierto en Bogotá, los invitamos a:

expresionescolombia.co

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27 marzo, 2011

TRANSFORMACIÓN DEL BLOG

NUEVA PÁGINA WEB

Nos convertimos en: expresionescolombia.co

Así como en la química la materia no muere se TRANSFORMA, el BLOG BOGOTÁ CULTURA tomó nuevos rumbos a partir de la fecha. NUESTROS LECTORES que son el alma y corazón de esta expresión independiente de comunicación, nos sedujo con sus visitas y comentarios para crear LA PÁGINA WEB:

expresionescolombia.co

expresionescolombia.co es un portal dedicado a informar sobre las diferentes noticias culturales, artísticas, literarias, musicales, turísticas, teatrales y educativas de nuestro país. Mantendremos un espacio en la página dedicado a todas las expresiones de nuestra hermosa capital: Bogotá.

Extendemos la invitación entonces, para que nos sigan en la página hermana expresionescolombia.co; ustedes son los principales motivadores para seguir adelante en nuestro concepto de VESTIR LA MENTE DEL COLOMBIANO CON TRAJES DE CULTURA, ARTE Y MUSICA.

Mil gracias y queremos seguir con la compañia de ustedes.

Att: Dirección Blog Cultura Bogotá.

NUEVA PÁGINA WEB

23 marzo, 2011

JUAN G. VÁSQUEZ – Premio Alfaguara

Primer capítulo:

‘El ruido de las cosas al caer

Una sola sombra larga

Durante las semanas que siguieron, el recuerdo de Ricardo Laverde pasó de ser un asunto casual, una de esas malas pasadas que nos juega la memoria, a convertirse en un fantasma fiel y dedicado, presente siempre, su figura de pie junto a mi cama en las horas de sueño, mirándome desde lejos en las de la vigilia.
Los programas de radio de la mañana y los noticieros de la noche, las columnas de opinión que todo el mundo leía y los blogueros que no leía nadie, todos se preguntaban si era necesario matar a los hipopótamos extraviados, si no bastaba con acorralarlos, anestesiarlos, devolverlos al África; en mi apartamento, lejos del debate pero siguiéndolo con una mezcla de fascinación y repugnancia, yo pensaba cada vez con más concentración en Ricardo Laverde, en los días en que nos conocimos, en la brevedad de nuestra relación y la longevidad de sus consecuencias. En la prensa y en las pantallas las autoridades hacían el inventario de las enfermedades que puede propagar un artiodáctilo -y usaban esa palabra, artiodáctilo, nueva para mí-, y en los barrios ricos de Bogotá aparecían camisetas con la leyenda Save the hippos; en mi apartamento, en largas noches de llovizna, o caminando por la calle hacia el centro, yo comenzaba a recordar el día en que murió Ricardo Laverde, e incluso a empecinarme con la precisión de los detalles. Me sorprendió el poco esfuerzo que me costaba evocar esas palabras dichas, esas cosas vistas o escuchadas, esos dolores sufridos y ya superados; me sorprendió también con qué presteza y dedicación nos entregamos al dañino ejercicio de la memoria, que a fin de cuentas nada trae de bueno y solo sirve para entorpecer nuestro normal funcionamiento, como esas bolsas de arena que los atletas se atan alrededor de las pantorrillas para entrenar. Poco a poco me fui dando cuenta, no sin algo de pasmo, de que la muerte de ese hipopótamo daba por terminado un episodio que en mi vida había comenzado tiempo atrás, más o menos como quien vuelve a su casa para cerrar una puerta que se ha quedado abierta por descuido.

Y es así que se ha puesto en marcha este relato. Nadie sabe por qué es necesario recordar nada, qué beneficios nos trae o qué posibles castigos, ni de qué manera puede cambiar lo vivido cuando lo recordamos, pero recordar bien a Ricardo Laverde se ha convertido para mí en un asunto de urgencia. He leído en alguna parte que un hombre debe contar la historia de su vida a los cuarenta años, y el plazo perentorio se me viene encima: en el momento en que escribo estas líneas, apenas unas cuantas semanas me separan de ese aniversario ominoso. La historia de su vida. No, yo no contaré mi vida, sino apenas unos cuantos días que ocurrieron hace mucho, y lo haré además con plena conciencia de que esta historia, como se advierte en los cuentos infantiles, ya ha sucedido antes y volverá a suceder.

Que me haya tocado a mí contarla es lo de menos.

El día de su muerte, a comienzos de 1996, Ricardo Laverde había pasado la mañana caminando por las aceras estrechas de La Candelaria, en el centro de Bogotá, entre casas viejas con tejas de barro cocido y placas de mármol que reseñan para nadie momentos históricos, y a eso de la una llegó a los billares de la calle catorce, dispuesto a jugar un par de chicos con los clientes habituales. No parecía nervioso ni perturbado cuando empezó a jugar: usó el mismo taco y la misma mesa de siempre, la que había más cerca de la pared del fondo, debajo del televisor encendido pero mudo. Completó tres chicos, aunque no recuerdo cuántos ganó y cuántos perdió, porque esa tarde no jugué con él, sino en la mesa de al lado. Pero recuerdo bien, en cambio, el momento en que Laverde pagó las apuestas, se despidió de los billaristas y se dirigió a la puerta esquinera. Iba pasando entre las primeras mesas, que suelen estar vacías porque el neón hace sombras raras sobre el marfil de las bolas en ese punto del local, cuando trastabilló como si hubiera tropezado con algo. Se dio la vuelta y volvió adonde estábamos nosotros; esperó con paciencia a que yo terminara la serie de seis o siete carambolas que había comenzado, e incluso aplaudió brevemente una a tres bandas; y después, mientras me veía marcar en el tablero los tantos que había conseguido, se me acercó y me preguntó si no sabía dónde le podían prestar un aparato de algún tipo para oír una grabación que acababa de recibir. Muchas veces me he preguntado después qué habría pasado si Ricardo Laverde no se hubiera dirigido a mí, sino a otro de los billaristas. Pero es una pregunta sin sentido, como tantas que nos hacemos sobre el pasado. Laverde tenía buenas razones para preferirme a mí. Nada puede cambiar ese hecho, así como nada cambia lo que sucedió después.

Lo había conocido a finales del año anterior, un par de semanas antes de Navidad. Yo estaba a punto de cumplir veintiséis años, había recibido mi diploma de abogado dos años atrás y, aunque sabía muy poco del mundo real, el mundo teórico de los estudios jurídicos no guardaba ningún secreto para mí. Después de graduarme con honores -una tesis sobre la locura como eximente de responsabilidad penal en Hamlet: todavía hoy me pregunto cómo logré que la aceptaran, ya no digamos que la distinguieran-, me había convertido en el titular más joven de la historia de mi cátedra, o eso me habían dicho mis mayores al momento de proponérmela, y estaba convencido de que ser profesor de Introducción al Derecho, enseñar los fundamentos de la carrera a generaciones de niños asustados que acaban de salir del colegio, era el único horizonte posible de mi vida. Allí, de pie sobre una tarima de madera, frente a filas y filas de muchachitos imberbes y desorientados y niñas impresionables de ojos constantemente abiertos, recibí mis primeras lecciones sobre la naturaleza del poder. De esos estudiantes primerizos me separaban apenas unos ocho años, pero entre nosotros se abría el doble abismo de la autoridad y del conocimiento, cosas que yo tenía y de las que ellos, recién llegados a la vida, carecían por completo. Me admiraban, me temían un poco, y me di cuenta de que uno podía acostumbrarse a ese temor y esa admiración, de que eran como una droga. A mis alumnos les hablaba de los espeleólogos que se quedan atrapados en una cueva y, al cabo de varios días, comienzan a comerse entre sí para sobrevivir: ¿les asiste o no el Derecho? Les hablaba del viejo Shylock, de la libra de carne que le iban a quitar, de la astuta Portia, que se las arregló para impedirlo con un tecnicismo de leguleyo: me divertía viéndolos manotear y vociferar y perderse en argumentos ridículos en su intento por encontrar, en la maraña de la anécdota, las ideas de Ley y de Justicia. Luego de esas discusiones académicas llegaba a los billares de la calle catorce, lugares llenos de humo y de techos bajos donde ocurría la otra vida, la vida sin doctrinas ni jurisprudencias. Allí, entre apuestas de poco dinero y tragos de café con brandy, se terminaba mi día, a veces en compañía de uno o dos colegas, a veces con alumnas que luego de unos cuantos tragos podían acabar en mi cama. Yo vivía cerca, en un décimo piso de la carrera tercera., un apartamento frío pero con buena vista hacia la ciudad erizada de ladrillo y cemento, y mi cama siempre estaba abierta para discutir en ella la concepción que tenía Cesare Beccaria de las penas, o bien un capítulo difícil de Bodenheimer, o incluso un simple cambio de nota por la vía más expedita. La vida, en esas épocas que ahora me parecen pertenecer a otro, estaba llena de posibilidades. También las posibilidades, constaté después, pertenecían a otro: se fueron extinguiendo imperceptiblemente, como la marea que se retira, hasta dejarme con lo que ahora soy.

Por esos días mi ciudad comenzaba a dejar atrás los años más violentos de su historia reciente. No hablo de la violencia de cuchilladas baratas y tiros perdidos, de cuentas que se saldan entre traficantes de poca monta, sino la que trasciende los pequeños resentimientos y las pequeñas venganzas de la gente pequeña, la violencia cuyos actores son colectivos y se escriben con mayúscula: el Estado, el Cartel, el Ejército, el Frente. Los bogotanos nos habíamos acostumbrado a ella, en parte porque sus imágenes nos llegaban con pasmosa regularidad desde los noticieros y los periódicos; ese día, las imágenes del más reciente atentado habían empezado a entrar, en forma de boletín de última hora, por la pantalla del televisor. Primero vimos al periodista que presentaba la noticia desde la puerta de la Clínica del Country, después vimos una imagen del Mercedes acribillado -a través de la ventana destrozada se veían el asiento trasero, los restos de cristales, los brochazos de sangre seca-, y al final, cuando ya los movimientos habían cesado en todas las mesas y se había hecho el silencio y alguien había pedido a gritos que le subieran el volumen al aparato, vimos, encima de las fechas de su nacimiento y de su muerte todavía fresca, la cara en blanco y negro de la víctima. Era el político conservador Álvaro Gómez, hijo de uno de los presidentes más controvertidos del siglo y él mismo candidato a la presidencia más de una vez. Nadie preguntó por qué lo habrían matado, ni quién, porque esas preguntas habían dejado de tener sentido en mi ciudad, o se hacían de manera retórica, sin esperar respuesta, como única manera de reaccionar ante la nueva cachetada.

Tomado de El Tiempo

 

21 marzo, 2011

A 2.50 la Cuba libre – Recomendado

Cortesía: Casa Ensamble

Teatro de Primera

Las prostitutas del burdel Acuario ubicado en Casa Ensamble, los atenderán directamente en la obra “A 2,50 La cuba libre”. Poca ropa, risas y hasta lágrimas son las palabras perfectas para describir este montaje que deja a los presentes con la boca abierta.

El burdel más visitado del barrio La Soledad tendrá nuevos shows musicales y una puesta en escena con nuevas actrices reconocidas de nuestro país; una propuesta diferente que invita al público a adentrarse en el mundo de las prostitutas.

Cortesía: Casa Ensamble

La puesta en escena es irreverente, hiperrealista,  se aleja del ambiente tradicional e incursiona en un espacio de encuentro nocturno que involucra a los asistentes a través de secretos de los personajes femeninos anónimos que viven de la belleza de su cuerpo.

Actrices en escena: Alejandra Borrero, Endry Cardeño, María Fernanda Yepes, Indira Serrano, Carolina Gaitán, Jenny Osorio, Rita Bendek, Estefanía Godoy, Ana María Sánchez, Aida Morales y Johanna Morales, además de las bellísimas Natalia Durán y Yury Vargas.

RECOMENDADO !

LUGAR: Casa Ensamble – Av. Cra 24 # 41-69

FUNCIONES: Miércoles a Viernes 9 p.m.

Sábados 6 p.m. y 9 p.m.

ENTRADAS: Casa Ensamble 368 92 68 – Tu Boleta.

FUENTE: Casa Ensamble – Plan B – El Tiempo.

21 marzo, 2011

JUAN GABRIEL VÁSQUEZ

Ganó Premio Alfaguara 2.011.

El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez ha sido galardonado con el Premio Alfaguara de Novela 2011, dotado con 175.000 dólares (unos 133.306 €) y una escultura de Martín Chirino, por la obra El ruido de las cosas al caer, presentada bajo el título Todos los pilotos muertos y con el seudónimo Raúl K. Fen.

Juan Gabriel Vásquez

Nació en Bogotá en 1973. Es autor del libro de relatos Los amantes de Todos los Santos (Alfaguara 2001) y de dos novelas. Los informantes fue elegida en Colombia como una de las novelas más importantes de los últimos veinticinco años y fue finalista del Independent Foreign Fiction Prize en el Reino Unido. Historia secreta de Costaguana ha obtenido el premio Qwerty a la mejor novela en castellano (Barcelona), el premio Fundación Libros & Letras (Bogotá) y está actualmente en la lista de los finalistas del finalista del Independent Foreign Fiction Prize que se falla el próximo 26 de mayo en Londres. Ha vivido en París y en las Ardenas belgas, y en 1999 se instaló definitivamente en Barcelona. Ha traducido obras de John Hersey, Victor Hugo y E. M. Forster, entre otros, y su labor periodística también es destacada: Vásquez es columnista del periódico colombiano El Espectador, y ganó el Premio de Periodismo Simón Bolívar con El arte de la distorsión, ensayo incluido en el libro del mismo título. También es autor de una breve biografía de Joseph Conrad, El hombre de ninguna parte (2007). Sus libros están traducidos a catorce lenguas.

El ruido de las cosas al caer

Se inicia con la exótica fuga y posterior caza de un hipopótamo, último vestigio del imposible zoológico con el que Pablo Escobar exhibía su poder. Ésta es la chispa que arranca los mecanismos de la memoria de Antonio Yammara, protagonista y narrador de El ruido de las cosas al caer, un negro balance de una época de terror y violencia, en una Bogotá descrita como un territorio literario lleno de significaciones.

En 1995, Antonio conoce al intrigante Ricardo Laverde, quien ha pasado veinte años en la cárcel. Laverde, de quien se sabe que fue piloto, forma parte de la parroquia de unos billares donde Yammara, joven profesor universitario de Derecho, consume el ocio de su última juventud. Entre los dos se fraguará una estrecha amistad, y Antonio, que pasa por la vida desdibujado por la duda, creerá ver en la experiencia torturada de su amigo un aviso.

FUENTE: Analítica.com


20 marzo, 2011

SALSA EN REVOLUTION BAR

Quién pidió Salsa?

 

A partir del próximo 7 de abril, comienza en REVOLUTION BAR los JUEVES DE SALSA. El jueves será el día institucional para el ritmo afroantillano en la capital de la República. Todos los salsomanos, los amantes del boogaloo, el son y los demás ritmos que conforman el gran mundo de la salsa, tendrán su templo donde vivirán momentos de sabor contagioso al ritmo de orquestas en vivo.

En esta ocasión los invitados a tarima son 11 orquestas de primera categoría:

Calambuco Orquesta: Agrupación que nació en 2006 y actualmente con dos producciones en el mercado. Es una joven agrupación que tiene como propósito explorar el sonido, golpe y sentimiento de la salsa hecha para el bailador. Sus presentaciones, por supuesto, ofrecen una experiencia musical que despierta la nostalgia de melómano, provoca la curiosidad del desprevenido, agita la sangre del rumbero y cautiva para siempre al oyente que alguna vez fue un desentendido de la salsa.

Toño Barrio: Nace por la inquietud de jóvenes artistas que buscan ampliar sus horizontes de conocimiento y expresión en el proceso musical, influenciados por su entorno cultural, la academia y el diario vivir, la salsa del Cali viejo y las calles del barrio. Proponen una fusión de ritmos y sonidos característicos de la buena salsa, alternados con los sonidos de la urbe y matizados con los colores musicales de un país con sabor y diversidad.

La Conmoción: Empezó a gestarse a mediados del año, en la universidad Javeriana de Bogotá, por iniciativa del trombonista Jaime Rodriguez y el percusionista Simón Martínez. En el pasado evento de Salsa al Parque (versión 2.010) alternaron  junto a la Spanish Harlem Orchestra y Fruko, dejando una magnífica impresión para todos los salseros.

Yorubá DC: Presentan en concierto algunas canciones tradicionales que el público recuerda y otras inéditas de las dos producciones discográficas grabadas recientemente en los años 2008 y 2009. Y proponen arreglos frescos y modernos basados en las estructuras rítmicas de los aires folclóricos de Colombia conservando siempre el golpe de la salsa dura con influencias armónicas y tímbricas del jazz y el funk. De este modo el show de “yorubá Orquesta” es muy variado en sus ambientes rítmicos, además está diseñado de manera progresiva para captar la atención del público desde el principio hasta el final obviamente poniéndole a bailar y a disfrutar de un buen concierto de salsa.

Se extendió invitación también a la Charanga New York, la Real Charanga, el grupo tabú, La Banda, la Orquesta Capital, Enclave 80, La Que Manda y el DJ Omar Antonio.

Para nuestros lectores tendremos sorpresas !

LUGAR: Revolution Bar – Calle 74 # 15-71

HORA: 7 p.m.

RESERVAS: http://www.bar-revolution.com

3 13 15 64   –   300 264 38 28

17 marzo, 2011

JUMBO CONCIERTO !

El Concierto Achocolatado – Versión 2011

Cortesía: Compañía Nacional de Chocolates

Por quinto año consecutivo la Compañía Nacional de Chocolates vuelve con el inigualable sabor musical a Bogotá y los  asistentes capitalinos a recibir toda la sensación de las chocolatinas Jumbo,  gracias al éxito obtenido en las versiones anteriores y por solicitud  propia de los jóvenes bogotanos y del país entero.

El próximo 1º de abril la cita será en el  “Simón Bolívar”, las puertas para el ingreso del público estarán abiertas a partir de las 2 de la tarde y se tiene pronosticado como en las anteriores versiones que el primer artista subirá al escenario a las 4 p.m.

Los ritmos de moda que están en primeros lugares en las emisoras y en las discotecas, como son el vallenato, el reggaeton , el pop serán los que pondrán el deleite a este concierto. Y el éxito rotundo de antemano estará a cargo de los artistas J. BALVIN, DON TETTO, LOS GIGANTES DEL VALLENATO, SANTIAGO CRUZ, GOLPE A GOLPE Y SILVESTRE DANGOND.

Disfrutar del espectacular Jumbo Concierto es tan fácil como cambiar 6 empaques por una boleta de Preferencia y 12 empaques por una boleta de  platino en los puntos de recambio habilitados por Tu Boleta.

 

FOTO: Álvaro Cruz Jr

Fragmento del Jumbo Concierto 2.010 – Cortesía: Álvaro Cruz Jr.

Fragmento del Jumbo Concierto 2.010 – Cortesía: Álvaro Cruz Jr.

15 marzo, 2011

CABO VERDE EN BOGOTÁ

Cesaria Evora

La principal exponente de la Morna género de música de Cabo Verde (África) relacionado con el fado portugués, la modinha brasileña, el tango argentino y el lamento angoleño, se presentará en Bogotá los días 17 y 19 de marzo en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

La morna es un género comparado con el blues, música negra de los Estados Unidos.Tradicionalmente es tocada con instrumentos acústicos, la morna trata de reflejar la realidad insular del pueblo de Cabo Verde, el romantismo de sus cantantes y músicos y el amor por la tierra que se ha de abandonar pero queriendo quedarse.

La “Diva Descalza”  la han señalado por estar en el escenario sin zapatos, como una expresión de arraigo con las personas que carecen de lo imprescindible en su tierra natal. Se caracteriza por su timbre de voz grave y afinada, con la cual  ha conquistado los principales festivales y teatros del mundo. Su canto melancólico,hace que los aficionados que no entienden su idioma logren percibir las emociones en sus interpretaciones.

LUGAR: Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

FECHA: Marzo 17 y 19 de 2.011.

HORA: 8 pm.

15 marzo, 2011

NIÑOS DEL VALLENATO

Desde los primeros años, se debe fundamentar en los niños y las niñas, los valores por el arte, la cultura y la música. Para la muestra, este video.

15 marzo, 2011

TITERES

El amor de doña Ramona

Por: Grupo Cuarto Creciente
Sábado 26 de marzo/2011, 11:00 am y 3:00 pm
Domingo 27 de marzo, 3:00 pm.

Foto: SRDT de Bogotá

Es un montaje premiado por ATICO (Asociación de Titiriteros de Colombia) con el premio APOYO A LA CREACIÓN 2010.

La historia cuenta todo lo que tiene que pasar Doña Ramona, mujer cabeza de familia con tres hijos, luego que un día, desesperada por las quejas y pedidos de sus hijos, reniega de su condición y manifiesta su deseo de no tener a los niños para tener la posibilidad de hacer cosas para ella. Un duende le concede ese “deseo no querido” y ella se ve obligada, para recuperar a sus pequeños, a ir al mundo del SI-NO en donde tiene que enfrentar pruebas y acertijos. A medida que doña Ramona va resolviendo las pruebas, el mundo se va tornando de color y ella reconoce unos valores. Cuando finalmente recupera a sus hijos, el mundo se llena de color y ella se transforma.

La historia es original de Enrique Mejía Umaña con la participación de Helber Ruiz como titiritero y música original compuesta para la obra por Silvia Castro.

FUENTE: Secretaría de recreación, cultura y Turismo de Bogotá.

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