RELEGANDO AL ACORDEONERO?

FOTO: Álvaro Cruz Jr.

FOTO: ExpresionesCOLOMBIA.

En los tiempos que corren en el vallenato comercial, el acordeonero ha ido perdiendo protagonismo con respecto al cantante. Sin embargo, cada año, el Festival de la Leyenda Vallenata le recuerda al mundo musical que el acordeonero ha sido parte esencial, la estrella de este folclor, desde sus comienzos. Por lo mismo, nunca el rey vallenato será un cantante –las competencias del encuentro ni siquiera califican la voz–, porque la corona será siempre para el más virtuoso de los acordeoneros.

La decisión no fue por capricho, aunque sí tuvo mucho de coincidencia. “Eso fue cosa de Alfonso López Michelsen”, dice Pablo López, cajero experto que acompañó en contienda a varios reyes coronados. “Él veía que los demás departamentos del país coronaban reinas. Y con la entonces reciente creación del departamento del Cesar, en 1967, decidió que el festival, en vez de reina, tuviera un rey”.

Y tenía que ser un acordeonero. “Se pensó que el rey tenía que ser un acordeonero completo, que tocara, cantara y compusiera –recuerda Rafael Oñate Rivero–. La lógica era que tenía que ser un juglar. Y fue tan afortunado que el primer rey vallenato fue Alejandro Durán, en 1968”.

Según Oñate Rivero, estudioso del vallenato, esa primera elección le dio solidez al entonces naciente festival. Fue como el cimiento que aún hoy mantiene la fuerza de esta fiesta.

A Durán, que tocó y cantó en la competencia, le siguieron Nicolás ‘Colacho’ Mendoza, Calixto Ochoa y Alberto Pacheco. Todos tocaron, fueron premiados por su interpretación en el acordeón, pero también cantaron.

Pero en un festival en 1972, un acordeonero participante, Miguel López, decidió no cantar. Lo hizo entonces su guacharaquero, quien no era otro que Jorge Oñate. Se pidió permiso para que otro miembro del conjunto cantara y le fue concedido. López se coronó como quinto rey vallenato y la excepción se volvió regla de ahí en adelante.

Oñate, intérprete de piezas como Nido de amor, también tuvo que ver en la inversión del protagonismo en la industria musical vallenata. Hacía parte del conjunto de Los Hermanos López como cantante, su nombre aparecía en letra pequeña en las grabaciones, como el que cantaba.

Los nuevos se quejan

Durante décadas –ya fuera del festival–, el vallenato comercial pasó por diferentes formatos de agrupaciones. Pero en estas, aunque el cantante fue la estrella, se mantuvo el lugar de honor del acordeón.

Sin embargo, en últimas fechas, los acordeoneros se quejan de la falta de reconocimiento. Se sabe, por ejemplo, que Rolando Ochoa dejó la agrupación de Silvestre Dangond el año pasado porque quería relegarlo en el escenario, como un músico más.

“Ese descontento cobra cada vez más fuerza –dice Iván Zuleta–; lo puedo decir porque soy libre, pero he sido subalterno de los cantantes. Sin ofender a nadie, la participación económica del acordeonero ni se asemeja. Y la titularidad del acordeonero va pasando a segundo plano. Ya cantantes modernos pusieron el micrófono del acordeón mucho más atrás”.

Según Oñate Rivero, los manejadores de los conjuntos se han dejado influenciar de la forma como los solistas de otros géneros manejan la música internacional.

“Ellos han querido invertir el factor tradicional, que es el acordeonero como prototipo del juglar”.

FUENTE: El Tiempo

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